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Archive for the ‘Ellos’ Category

Para ti. Por haberme dado todo sin apenas darte cuenta. Por ser más de lo que te crees y por ser tu.

TÁCTICA Y ESTRATEGIA

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
ni sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Táctica y estrategia, de “El amor, las mujeres y la vida”. Mario Benedetti.

Benedetti y Pedro Salinas son los poetas que más me gustan. Y este poema de Benedetti el que más me gusta de él.
Curioso el nombre del libro, debido a su relación con Schopenhauer, que Benedetti explica en su antología:

Desde que, en mi lejana adolescencia, me enfrenté a “El amor, las mujeres y la muerte, por entonces el libro más popular del filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860), entré en contradicción con la sutir propuesta que sugerían las tres palabras de aquel título. Y aunque el filósofo de Danzig se cuidaba de tratar cada término por separado, era evidente que su pesimismo voluntarista, al introducir los tres elementos en un mismo saco, los convertía en ingredientes de su inextinguible misoginia. Es cierto que muchas de las acometidas de Schopenhauer contra la mujer y sus primeros y tímidos conatos de independencia, se inscribían en un prejuicio generalizado en aquel lugar y en aquel tiempo, un prejuicio que por cierto no sólo abarcaba a los hombres sino también a las mujeres.
En estos días volví a leer todo el libro, con ojos casi sesenta años más viejos , y pese a situarlo, ahora sí conscientemente, en su ámbito temporal, volví a experimentar aquella antigua sensación de rechazo. El amor es uno de los elementos emblemáticos de la vida. Breve o extendido, espontáneo o minuciosamente construido, es de cualquier manera un apogeo en las relaciones humanas. Curiosamente, hasta su controvertida obra, Schopenhauer no puede evitar una constancia esperanzada: “El amor es la compensación de la muerte; su correlativo esencial” (…) ¿Acaso no vale para mostrar que, aunque en un carácter tan sexualmente huraño como el de este autor teutón, el amor es el único elemento que le sirve para enfrentar a la muerte?
De ahí a reconocer que el amor y las mujeres están más cerca de la vida que de la muerte, media sólo un paso. Aquí lo doy, con perdón de Schopenhauer (…).

Mario Benedetti.

Pues para ti. Para que no haya telón ni abismos.

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Darte lo que no tengo

No seré yo quien te despierte cada mañana
Como un chiquillo pegando gritos frente a tu casa
Ya no estaré detrás de ti cuando te caigas
Pero no creo sinceramente que te haga falta.

No seré yo quien guíe tus pasos cuando te pierdas
No seguiré quemando noches frente a tu puerta
Ya no estaré para cargarte sobre mi espalda
Pero no creo sinceramente que te haga falta.

Y se que vas a estar mejor cuando me vaya
Y se que todo va a seguir como si nada
Yo seguiré perdido entre aviones
Entre canciones y carreteras
En la distancia no seré mas tú parte incompleta.

Y se que vas a estar mejor cuando me vaya
Y se que todo va a seguir como si nada
Mientras escribo sobre la arena
La frase tonta de la semana
Aunque no estés para leerla
En esta playa.

No es que yo quiera convertirme en un recuerdo
Pero no es fácil sobrevivir a base de sueños
No es que no quiera estar contigo en todo momento
Pero esta vez no puedo darte lo que no tengo.

La frase tonta de la semana | La quinta estación

No se trata sólo de una canción que pongo aquí como podría poner cualquier otra.
Se trata de la canción que me ha gritado a la cara lo que yo ya no se si quiero oir.
He hecho tantas cosas y he pensando tantísimo en ti que creo que ni siquiera te lo imaginas. Creo que no, que no lo llegas a saber, que no llegas a notar todo lo que has sido y todo lo que eres para mí.

He recibido poco de ti. A veces más y a veces menos. Y muchas veces te lo he dicho. Y muchas veces he dicho “hasta aquí he llegado porque me duele” pero al final era más fuerte otro sentimiento que el de pena por lo poco que estábamos siendo.

Se que tú no quieres darme más, que no sientes la necesidad de darme más y yo no espero ya nada. Me quedo ahí esperando que me necesites, que necesites escucharme, verme, que llegues a sentir una mínima parte de la necesidad que tengo yo contigo.

Yo nunca había sentido “esto” por nadie. Y no malinterpretes el “esto” porque no es “ese” sentimiento. Es otro distinto. Por eso te digo que nunca lo había sentido. Porque hay muchas personas que me importan, muchas personas con las que me gusta pasar el tiempo, compartir sensaciones, pensamientos, compartir vida. (¿No es eso lo que hacemos los seres humanos? ¿No es eso lo que buscamos en los demás? Compartir vida).

Pues yo nunca había sentido esto antes. Nunca había sentido lo que siento por ti y no se si es normal este sentimiento, o es porque soy yo, eres tú o es por todo lo que ha pasado.

Me sigues importando muchísimo más de lo que te imaginas, sigues estando tu también en mi mente todos los días, sigues siendo algo fundamental en mi vida.

Y por eso me duele.
Es obvio que no te puedo recriminar que no sientas lo mismo, que para ti “esto” sea algo normal, corriente, sea lo mismo que sientes por otras personas. No puedo recriminártelo, por supuesto que no.
Sólo puedo decirte que me da pena, pero que es comprensible. No puedo luchar contra eso.

No es por ensalzar mis sentimientos, ni darle más valor del que tienen, pero, sinceramente, ojalá alguien me quisiera “de esta manera” como te quiero yo a ti. Me encantaría rodearme de este tipo de amor.
(Vale que yo rechazé un amor que era infinito y completamente desinteresado por tonta. Pero esta vez no es lo mismo. No es el mismo amor.)
Pero el amor es así. Incluso en este ámbito de la vida que dista mucho del otro que es más “profundo” y que da esa “magia” a la vida.
Incluso en este ámbito de la vida que duele menos, que es más llevadero. Incluso en este el corazón a veces traiciona.

Creo que me gustaría que valoraras más mis sentimientos, que supieras reconocer lo que tienes delante y que supieras disfrutarlo (yo no supe disfrutar de un amor que me dieron y me pesa ahora). Me gustaría que supieras valorarlo, que te dejaras llevar más, pero no lo haces. Que remedio.

Se (y tú piensas así) todo iría mejor si yo fuera diferente. Si yo tuviera otras aficiones, otras inquietudes. Se que agradecerías otros comportamientos, otros gestos, agradecerías otros momentos. Pero esta soy yo con todas mis cosas. Y tenemos que querer a los demás por lo que son, no por lo que nos gustaría que fueran.

Y yo sólo puedo ser lo que soy. Darte lo que tengo. Enseñarte todo lo que yo puedo saber, dejarme impresionar por ti como muchas veces. Compartir contigo lo que me dejes compartir y vivir contigo lo que me dejes vivir.
Sólo puedo darte lo que soy.

Y podría escribir páginas y páginas dándole vueltas a lo mismo para no decirte nada nuevo. Por eso lo dejo aquí. A sabiendas que estas palabras caerán como siempre en el olvido, que tu le restarás importancia, no te importará apenas y que yo me quedaré ahí en alguna parte, esperando a que me des lo que quieras darme. Hasta que yo ya no pueda más con la situación y me marche de tu vida. Porque de momento no puedo. Te quiero demasiado.

Pero es que, como dice la canción, no puedo darte lo que no tengo.

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