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Archive for the ‘Causas perdidas’ Category

…Tanto como nuestros deseos
que nacieron muertos
o murieron recién nacidos,
como quieras decirlo.

Secretos deseos | Iván Ferreiro

Sí. Será eso. Mis deseos nacieron muertos o murieron recién nacidos. Da lo mismo, lo mismo da. El resultado es exactamente el mismo: la nada. O todo pero completamente del revés.
¿De qué sirven las casualidades si los cambios que podrían provocar finalmente nunca suceden? ¿Merece la pena entonces coincidir? Es más, ¿merece la pena si el resultado ya se conoce desde el principio? Prefiero pensar que las respuestas a estas preguntas son: de nada, no y no. Y entonces es cuando me pregunto: ¿y la lucha para cuando? Y me respondo: para cuando realmente merezca la pena. O mejor dicho: para cuando existan posibilidades reales de no morder el polvo.
Y sin embargo, este orden y concierto de ideas que parecen significar que todo está claro es pura ficción. En realidad, todo forma parte del mismo caos que se ha juntado con otros elementos creando probablemente un gran desastre emocional. Un grado de implicación que difícilmente estoy dispuesta a tolerar y que difícilmente va a salir bien.Y entonces le pregunté a alguien por qué yo tenía que implicarme más y encima en poco tiempo. Y esa persona me respondió que a mi no me servía cualquier tipo de relación y que para mí, no implicarme significa no tener relación. Y en el fondo lo decía porque me conoce, porque sabe que cuando merece la pena, yo pongo todo y empujo con fuerza los huesos. Lo sabe y por eso me lo dice. Le pregunto si es éste el momento de arriesgar y duda. No sabe que aconsejarme. Arriesgar puede ser bueno si tan segura estás de que podría merecer la pena. ¿Y el daño?, le pregunto. Y me dice: ese es el riesgo. Le digo que esta vez no tengo ganas de arriesgar porque no tengo posibilidades de ganar. Porque a las guerras se va si ves el horizonte al final, si ves salida, si ves posibilidades de salir victorioso. A pesar de lo largo de la lucha, siempre podría merecer la pena. Pero esta vez no, le digo. No podría salir bien porque no hay puertas abiertas. Y entonces sería una kamikaze, pienso. O una cobarde, piensa ella.
Le digo que no, que esta vez arriesgar está de más y trato de proceder de la misma manera que lo he hecho otras veces. Abro la brecha entre nosotros esperando que funcione. Y antes de darme cuenta, estoy más dentro que fuera. Me agobio. Siento que las cosas empezaron mal y que ya solo pueden acabar mal. Lucho contra mis propios pensamientos y busco una salida. En el fondo la hay. Quizás sería más fácil en otras circunstancias, pero teniendo las que tengo solamente puedo jugar de esta manera.
Abro la brecha. Me coloco en un lado y la otra persona está en el otro. Quizás cada vez sea más grande y el dolor quizás ni aparezca. Eso es lo que realmente espero. Ni más, ni menos. Solamente que no llegue a aflorar nada de dentro. Solamente el vacío que existía antes.
Y en el fondo me da pena. Lástima. Podría haber sido algo increible y ahora me encuentro aquí, dejándolo pasar. Pero siempre es así. Me he acostumbrado a estas situaciones y dejarlo pasar es siempre una constante.
Por eso no duele apenas. Quizás molesta, pero no duele. Eso es lo que quiero, ¿no?

Me quedaría contigo
porque eres el remanso, la crecida.
Un espíritu-veleta a cuatro vientos.

Contigo me quedaría | Manolo García

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Tu batalla

Porque las cosas nunca son lo que parecen y no es oro todo lo que reluce. Porque lo que debes hacer se mezcla a veces con lo que te empujan los huesos. Porque quizás complicarse la vida es lo que la hace tan especial y porque nos permite no quedarnos en la superficie de las cosas. Porque descubrimos historias, conocemos personas, ampliamos horizontes. Porque cambiamos prioridades y sentimientos.
En el fondo no somos más que aquello que nos dejamos y que nos dejan ser. Somos lo que queremos en la medida en que luchamos por lo que nos importa. También somos lo que los demás nos dan y nos quitan.
Luchar por lo que uno quiere a veces choca con lo que uno debe. Porque para liberarse a uno mismo a veces hay que atar cadenas en algún otro lugar. Y porque los huesos empujan pero el dolor en otra parte puede ser más fuerte.
Y porque nos encanta hablar por hablar sin conocer el fondo del asunto. Y porque solo en la piel, en los zapatos del otro podemos llegar a sentir cada minuto con la intesidad que la persona lo hace.
Cuando no te pones en el lugar del otro, todo intento de entender es en vano. Toda opinión es inútil y toda estupidez humana se deja ver con toda claridad.
Y da igual lo que los demás piensen, lo que los demás crean que saben y lo que los demás crean que es lo correcto. Lo importante es lo que queda en esos ojos medio apagados que están gritando ayuda. Lo importante es lo que queda por debajo de lo piel, lo que provoca que los pelos se pongan de punta. Lo que importa es lo que existe, lo que es y lo que no puede ser de otra manera.
Da igual que se vea absurdo desde fuera porque desde dentro es bien distinto. Porque aquí dentro todo es más llevadero y comprensible que desde lo poco que hay fuera.
¿Sabes qué? En el fondo somos lo que somos y no podemos cambiarlo.
Pero sí podemos cambiar algunas cosas, y si algo puedo hacer, jugaré la partida de tu lado. Aunque no se entienda, aunque sea absurdo, aunque me pregunten si se lo que estoy haciendo.
Ojalá ganes la batalla. Y cuenta conmigo para conseguirlo. Quiero ayudarte a conseguirlo. Quiero ser capaz de darme cuenta de lo que de verdad vale la pena y lo que no. Cuentas conmigo en esta batalla.
Ya sabes, somos levedad.

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Eterno retorno

1. Tú, yo y esa manera extraña tuya de entender el mundo.

2. What we never were after all.

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…y quererte.

Te quiero de aquí a Marte
aunque la gente siga nuestros pasos yo
te pido que no mires el reloj y quédate aunque me duele.

No entiendo como puedo quererte tanto.
O empiezo a quererte menos o va a doler…

(Por ayer)

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Dando tumbos

Haga lo que haga, siempre pierdo.
No tenía ninguna gana, ninguna intención de perderte…Y hoy a la 1.04 de la mañana te marchaste.
Y encima has conseguido que me plantee si realmente la culpa es mía, cuando tenía claro que todo lo malo de esto era culpa tuya, por tu falta de tacto, de interés y esa mala costumbre de mirarte tanto el ombligo.
Y ahora dudo de si yo debería haberme portado mejor.
No sabes como me jode, joder. No sabes como me jode. Lástima que no hayas sabido ver que también tengo corazón. No para usarlo como tu piensas, pero joder. Me importabas. Éramos amigos, me gustaba contar contigo. Da igual aquello, estaba olvidado. Sólo quería que fuesémos capaces de seguir con esta amistad.
Y se ha ido a la mierda.
Ya no se si por ti o por mi pero se ha ido a la mierda.
Joder, siempre me pasa lo mismo.
Y ahora voy a echarte de menos aunque a ti te importe una mierda.

Mira como pierdo el rumbo,
Cuando estás tan lejos
se me va la ilusion tras de ti
Dando tumbos…

Dando tumbos, Rosana.

P.D: Vuelve anda… Aunque, si no vuelves es que realmente esto nunca te importó.

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Men

(1)

A veces siento que te traiciono, que soy tan diferente a como era antes que ya no vas a quererme más, que ya no vamos a ser todo lo que éramos. La distancia de momento (¡3 años van ya!) no está haciendo demasiado estragos. Disfruto muchísimo de los momentos que compartimos y no me imagino mi vida sin ti. Me imagino contigo en todas (o casi todas) las situaciones de mi vida y no imagino la posibilidad de perderte. Me aterra. No sabes cuanto. Eres la personas que más quiero, creo. Y lo sabes, no te lo repetiré más. Ojalá no te haya defraudado, ojalá sigas viéndome como la niña chica que conociste hace por lo menos 5 años a la que tanto había que cuidar y de la que tanto había que estar pendiente.
Creo que si darte cuenta, llevas todos estos años cuidándome. Te debo más de lo que imaginas…

(2)

Cada día que pasa sois más en mi vida, cada vez pesáis más, cada vez os echo de menos más y cada vez me gustan más los momentos que pasamos juntos. No se que sería de mí sin vosotros tres. Sois geniales, increíbles. Pero vamos, que lo que me importáis y lo que os quiero, lo sabéis, ¿verdad?

(3)

Me encantó ver que aunque hace ya dos años que seguimos caminos diferentes, aún mantenemos “algo” que no es más que los restos, pero que demuestran que hay cosas que nunca pasan. Me gusta verte feliz en tu vida y me gusta que me recuerdes aquel pasado, que me sigas recordando como pasado y que sigas contando conmigo ahora. Me gustó mucho compartir contigo momentos, me gustó de verdad. No has cambiado nada…

(4)

I’ll leave it all behind, save this bleeding heart of mine. It´s a matter of trust. You don´t care about us.

Placebo cantando y yo pensando en ti. En lo poco que te importo ya si es que alguna vez lo hice. Y te echo de menos cuando no debería hacerlo. Ni siquiera te mereces que piense en ti ni que te eche de menos…Haces que me joda la distancia, cuando hacía tiempo que la distancia para mí no significaba nada.
Te has cerrado de golpe como un libro cerrado. Sólo necesito leer tus páginas para poder entenderte. Sólo te he podido poder leer parte de lo que tienes dentro. Sólo entenderte, sólo saber como ha pasado todo y tus razones y motivos. Sólo leerte, sólo leerte…

(5)

Tardé muchos meses en avanzar, en caminar sin ti, en poder vivir sin tu recuerdo permanente. Tardé demasiado en dejar de tenerte vigilado, en sentir dolor por cada paso que tu dabas sin mí.
Pasamos más de tres meses sin saber nada el uno del otro. Nada de nada. Y ahora que recuperamos el contacto, que ya fluyen las palabras y ciertos sentimientos, sólo puedo agradecerte que hayas sido y seas tan bueno conmigo, que no me hayas pagado con la moneda que me merecía, que hayas decidido que yo no merecía ciertas cosas cuando sí las merecía en realidad.
Me alegro mucho de saber de ti, de verte bien, o al menos de verte más feliz que cuando estabas conmigo…
Ojalá sigamos siendo algo aunque pequeño. No creo que vaya a olvidarte nunca y espero que tu no me olvides a mí nunca tampoco.

(6)

Esto para todos los que entraron alguna vez en mi vida y que salieron, para los que aún están aunque de manera bastante sutil y por los que están por llegar.

[Mis causas perdidas…]

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Causas perdidas (2)

Cuando me dijiste aquello de que estabas “aligerando peso” supe inmediatamente que la siguiente en caer sería yo. Yo era la que te había abierto más la brecha de tu vida, yo era la que te había metido en el lío de plantearte toda tu vida, yo era la que te había señalado el camino hacia la libertad, yo era lo más libre que tenías en tu vida, pero también era un problema. El mayor de tus problemas ahora que estás ordenando tu vida.
Es totalmente comprensible que a pesar de todo, hayas decidido prescindir de mí. No se que hubiese hecho en tu lugar y si hubiese sido capaz de responder a la llamada de “¡Salta, valiente!” que yo misma te hice y a la que has respondido como nunca esperé que lo hicieras.
Cuando dijiste “Salté” me demostraste muchas cosas.
Lo primero, que las palabras pueden ser mucho más que eso si de verdad se confía en ellas, si de verdad se creen que los cambios son posibles.
Lo segundo, que ser valiente es difícil, pero que tiene recompensas, que merece la pena a veces lanzarse un poco al vacío.
Lo tercero y último, que las palabras pueden doler lo mismo que los puñales en la espalda.

Todo esto debería llenarme de alegría. Por tí porque supiste encontrar mejor tu camino, porque luchaste un poco por aquel velero llamado libertad, por haber aligerado peso, por haber encontrado un desvío a ese camino que no terminaba de llenarte.

También debería llenarme de alegría por mí. Porque me has demostrado que las palabras son más fuertes, porque estaba desilusionada por todas las palabras que habían salido de mi boca y que pensaba que no habían ido a parar a ningún lugar.
Porque no pensaba realmente que yo pudiese a través de mis palabras hacer reflexionar lo suficiente a alguien como para cambiarle un mínimo.
Está claro que todo esto es fruto de tí mismo y de nadie más, pero se que en algún rincón de ti se quedaron las palabras que día a día te decía sólo con la intención de que reaccionaras, de qu supieras darte cuenta.

Y a pesar de esta parte de felicidad que me ha hecho sentir tan bien, estoy tremendamente dolida.
Tu comportamiento conmigo en las últimas semanas no ha sido el más adecuado. Yo hice muchísimo por tí, me volqué por tí, durante un tiempo no hubo otra cosa en mi vida que ocuparme de ti y de tratar de salvarte, como si tu salvación alguna vez hubiese estado en mis manos. Te intenté salvar, intenté abrirte los ojos.
Hice muchísimo por ti a pesar de todo lo que podía (¡y aún puedo!) haber perdido. A pesar de todo…
Y tú, por aligerar peso, me sacas de tu vida como cualquier cosa que tuviste en tu vida y que apenas importó, y ahora que tu vida está algo más ordenada me echas de ella.
Entiendo que tenías que echarme, que es otra forma de liberarte, pero no me gusta la manera en la que lo has hecho.
Hay muchísimas maneras de decirle a alguien que necesitas que salga de tu vida y digamos que tú no has tenido el suficiente tacto.

Pero bueno, yo sabía lo que perdía con todo esto. No me lo merezco, pero sopesé la posibilidad de perder y aún seguí…

Suerte con tu nueva vida de marinero. Al menos ahora podrás abrir las alas y ya no necesitarás las mías. Mucha suerte…

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