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Archive for 24 septiembre 2017

Demonios

Aprendiendo a vivir con demonios que no dejan dormir, que no dejan descansar.

Demonios que ponen todo del revés, que te hacen creer que nada está bien, que no hay tierra fuerte en la que pisar.

Demonios llenos de rencor, de odio, de frustración.

Demonios que quieren verte caer, fracasar, fallar.

¿Cómo luchar contra ellos cuando estás agotado de pelear? Cuando no quedan fuerzas y todo aquello que era posible ya nunca más lo es.

Mil formas de que te rompan el corazón

y ningún callejón con salida.

Todas las esquinas que tuerzo llevan al mismo lugar y se estrechan las calles.

La presión es insoportable, se me ha olvidado respirar y cada segundo doy un paso más que inevitablemente me lleva al fondo del abismo.

Y aunque quiera luchar por no sucumbir,

no soy capaz de aguantar la respiración y siempre sueño que me caigo, que no puedo agarrarme a nada y me precipito hacia el vacío.

Los demonios no me dejan descansar, saben que estoy viéndolos venir, que no tengo fuerza para pelearlos y que tarde o temprano, las buenas sensaciones se irán y todo será un terrible presente infectado de un pasado doloroso, injusto, agotador.

Las fuerzas se extinguen cada día que pasa y tengo que quedarme ahí a verlo venir. Sin poder hacer nada, inmóvil.

Cada día que pasa es un cuchillo que te atraviesa el corazón y ni siquiera puedes echarte a un lado para que no te roce. Solo puedes quedarte ahí. Inmóvil. Esperando que la embestida sea algo menos dura que la anterior.

Pero la realidad te golpea y te recuerda que no. Que cada día será peor. Y que cuando todo pase, el dolor será tan insoportable que no habrá paz que calme un corazón tan herido, tan demacrado.

La vida ya no será ese jardín con flores que cada día regábamos. Será una tierra hostil, fría, donde ya no crece la hierba, como a Atila.

Con la diferencia de que esa tierra es la que nos alimentaba a todos y nos hemos quedado sin nada.

Se avecinan tiempos difíciles y ellos lo saben. Pero no se preocupen: si hay que bailar con demonios, bailaremos.

Y quizás algún día muy remoto, un rayo de luz me ilumine la cara. Y quizás, en ese momento, me reconcilie con el mundo y los demonios se irán.

Quizás algún día…

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