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Archive for 9 marzo 2011

Desde luego nunca me he planteado la opción de hacer lo que me apetecía en ese momento, porque el ser una persona impulsiva conlleva los riesgos de ir más allá y al final, salir perdiendo. Y era tremendamente impulsiva, actuaba por impulsos como, donde y cuando fuera. Pero de repente, no encuentro la impulsividad por ninguna parte. ¿Debería ser bueno? Quizás, pero lo cierto es que al final, me he ido al otro extremo (nunca se me dio bien encontrar el punto de equilibrio, ese equilibrio al que decía Aristóteles que todos debíamos tender). He sido siempre de extremos, por motivos desconocidos. Y claro, ya se sabe cual es el contrario de la impulsividad. Sí, la pausada y lenta reflexión. Hasta límites de aburrimiento interior. Y que deriva directamente en lo que a mí más me aterra: la duda.

He dejado atrás el momento de la duda. ¿Sabes cuándo es eso? Es el momento de un viaje en que es más largo volver al punto de partida que continuar hasta el final. Igual que… ¿recuerdas cuando aquellos astronautas tuvieron problemas? Iban hacia la luna y algo salió mal, no sé, alguien metió la pata y tuvieron que hacerles volver a la Tierra, pero habían pasado el punto sin retorno. Tuvieron que dar toda la vuelta a la luna para volver, y estuvieron sin establecer contacto durante horas. Todo el mundo esperó con ansia a ver si aparecía por el otro lado un puñado de muertos metidos en una lata. Y así estoy yo. Estoy en la otra cara de la luna, incomunicado. Y todo el mundo tendrá que esperar hasta que aparezca.

Un día de furia (1992)

Yo también me encuentro así. Perdida detrás de la luna encontrando la forma de salir de todo esto teniendo la sensación de que he elegido lo correcto. Y todo el mundo está ahí, detrás de luna esperando que yo aparezca. Y no es que solamente ellos duden de que yo vaya a aparecer, es que ni siquiera se qué estoy haciendo yo al otro lado de la luna en vez de plantar cara de una vez a todo eso que tengo delante.

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