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Archive for 26 febrero 2010

Y en este punto de mi vida, en el que el futuro alcanza cotas inesperadas de incertidumbre, me apetece un cambio radical. Ya se que una vez me dijiste que los cambios vienen solos, que no hace falta provocarlos. Pero esta vez no. Quiero provocarlo. Quiero un cambio. Y se como tenerlo. Quiero luchar por tenerlo. Y quiero conseguirlo.

En esta noche, brindo por los principios de incertidumbre.

Puede que todo siga igual.
También puede que no sea así.
Quizás banderas blancas
tu habitación alumbren
y mi amor esté cerca
y los dioses duden.
Y este sea un buen principio,
principio de incertidumbre.
Puede que te salves. Puede
que amanezcas conmigo
y las espadas se entierren.

Principio de incertidumbre | Ismael Serrano

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Futuro

A veces siento como si ya hubiese pasado por esto antes. Y en parte el sentimiento tiene algo de razón porque una vez viví algo parecido. Pero fue solamente parecido, no lo mismo. Y sin embargo a veces siento que ya lo he vivido. Y digo a veces porque otras pienso que es totalmente diferente. Pero las veces que esto parece una repetición de lo ya vivido, recuerdo un pasado que si bien ya no duele, simplemente me impresiona. O me impresiono yo en ese pasado, como si no fuese capaz de reconocerme a través de la neblina de la memoria que me recuerda una y otra vez todo lo que era, cómo era y como vivía.

A veces siento como si ya hubiese pasado por esto antes, pero cada vez me importa menos. Como si supiese que esa idea va a terminar por desaparecer cuando pase algo más de tiempo, cuando algunas cosas recuperen su lugar y otras ocupen lugares distintos. Porque no siempre el equilibrio es restablecer una situación anterior. A veces el equilibrio está en mover las cosas de lugar, en alterar el orden de las cosas, en descolocar lo ordenado y en permitirse un poco de desorden.

Y otras veces siento que nunca he pasado por esto antes, porque solamente se pasa una vez en la vida cada situación. Porque cada momento es tan irrepetible como inolvidable y nadie puede calcar los pasos, los gestos y las decisiones de alguien.

Y ahora pienso que quiero que esto que va a pasar, pase. Que el hecho de que ya pasase una vez y no funcionase no quiere decir nada. Que eres tú, que soy yo, que las situaciones son irrepetibles, que confío tanto en ti como en mí.

Ahora pienso que pasará, que nada fallará. Porque quiero y porque quieres. Porque no tienes dudas. Y porque yo, pese a todo, tampoco.

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Cuba

No se trataba simplemente de un viaje de Ecuador que tienen por costumbre las universidades españolas. No era solo estar en tercero de universidad y tener que disfrutar de unos días en el ecuador de la carrera como tampoco eran unas merecidas vacaciones después del esfuerzo de todo el cuatrimestre (que no se han visto tan recompensados como esperaba). No era todo eso, que también. Era algo mucho más importante: demostrarme que era capaz, demostrarme que era capaz de salir de aquí, de moverme por el mundo, de viajar sin ese miedo estúpido al avión y sin ese miedo a lo ajeno. Viajar para demostrarme que es solo el principio, que quedan muchos viajes, que ya no tengo ninguna frontera, que todo lo que tengo por delante es el mundo entero, mis ganas de viajar y las ganas de todo aquel que quiera acompañarme.

Cuba han sido muchas cosas. La Habana preciosa, una ciudad que no se olvida, que se te queda clavada en la retina como también se te quedan las miradas de los cubanos, sean mayores o pequeños, más o menos agradables. La Habana con sus calles, sus coches, su gente, su ambiente, su música como algo fundamental en sus vidas. La Habana con ansias de luchas y que mantiene la Revolución muy presente. Los cubanos, tan alegres y divertidos, tan pacientes, tan dispuestos a dialogar y a contarte sus vidas. Los bares con sus mojitos, sus piñas coladas y dispuestos a mostrar lo mejor de sí mismos. El callejón de Hamel con la esperanza de mostrar la música afrocubana por el mundo y el Malecón, ese gran paseo marítimo repleto de taxis, turistas y por qué no, pescadores.

La Cuba más profunda, la de los pueblos que se descubren cuando se recorre Cuba de norte a sur y de sur a norte con sus autovías semiaslfaltadas, las vacas que se cruzan o los conductores de autobús que no entienden de velocidad ni de seguridad vial pero que sin embargo no parecen estar preocupados por no llegar…

Porque cuando llegas a Varadero la situación es tan diferente…Una península larguísima pero apenas ancha que está repleta de hoteles. Varadero es playa a la izquierda con sus respectivos hoteles, autovía y más mar a la derecha. Varadero es la parte turista, la menos cubana. Solamente canadienses, estadounidenses y europeos dispuestos a tostarse al sol, a quemarse y a pelarse. Extranjeros cuya máxima preocupación es recordar donde puso el vaso, donde está el bar y cuantos días de sol ha dado el hombre del tiempo. Varadero es también trabajadores cubanos que solamente pueden entrar a los hoteles como servicio, no como clientes o simples visitantes. Trabajadores encantados de tener ese trabajo y no otro, acostumbrados a las borracheras de los extranjeros y dispuestos a piropear a toda aquella que a sus ojos lo merezca, sin perder nunca la sonrisa.

Porque CUBA es un país increible y porque LA HABANA  y VARADERO son lugares para no olvidar…

…y que me han enseñado que no hay lugares imposibles sino sueños que se tienen miedo de cumplir. (Viajaremos juntos, te lo prometo)

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