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Archive for 23 junio 2009

San Juan 2009

Lo mejor siempre está detrás,escondido. Lejos de lo que todas las personas, el mundo corriente, ve. Allí donde no todo el mundo llega, donde hay un espacio que nadie más puede ver, que nadie más tiene porqué conocer, es donde está la felicidad completa. Lo mejor está donde existe, al fin y al cabo, esa magia de compartir una existencia, esa posibilidad de compartir la vida o lo que es lo mismo: esa sensación de estar compartiendo el mismo trocito de cielo.

El cielo de lo nuestro

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2+8

Otra vez Sevilla contigo…
…convirtiendo la comida y la cena en una selección de los mejores platos dietéticos recién comprados en un MAS, que si por algo se ha caracterizado este viaje ha sido por la comida. Por el gazpacho recién hecho, las peleas con los filetes de pollo, la fruta de temporada, las espinacas con gambas (¿o al revés?) que no quieren deshacerse antes de que pierda el bus, las pastillas fuera de tiempo y la sensación de entendernos hasta en la cocina…

Y que voy a hacer con mi despiste selectivo
y con mi sueño frustrado de aprender a cocinar

Que vuelvas | Shakira

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De naufragios

…y con los ojos entornados mira a lo lejos. Una botella medio vacía flota cerca, arriba y abajo. Ella piensa en el mensaje enrollado que va dentro: <<Socorro, pero por favor, no me salvéis.>> Cierra los ojos y empieza a temblar, y no sólo de frío. Mil emociones la embargan y de repente lo entiende. Sí, es ella, que está naufragando.

A tres metros sobre el cielo, Federico Moccia.

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Endless summer (1)

Y después de nueve meses en otra ciudad distinta a aquella en la que pasaste los primeros dieciocho años de tu vida, regresas. No es que sea la primera vez que lo haces ni mucho menos. De hecho, intentas que nunca pase más de mes y medio sin pasarte por allí. No es que sea un tiempo mínimo obligatorio que tu misma te impones. Es sólo que si pasa más de mes y medio te empiezas a sentir tan vacía en esa ciudad tan grande en la que estás, que inmediatamente tienes que regresar. Sí, inmediatamente. Como otras veces has hecho. “Mañana me voy. Voy a comprar el billete”.”¿Mañana?”. “Sí, mañana. ¿Por qué no?”. Y cuando te quieres dar cuenta has cambiado de techo, de paisaje, de gente y de ánimo. Así de sencillo, que no de rápido, que precisamente el transporte no se caracteriza por eso último. Pero te vuelves. Hay veces que si tienes demasiado cerca los exámenes tienes que meditar más la decisión. Tienes que consensuar con tus amigas que están desperdigadas por toda la habitación o hablar con alguien que está en ese sitio al que quieres ir y pedirle por favor que no te deje ir porque sabes que es incapaz de decírtelo. Esa vez no es tan fácil la decisión por si luego te arrepientes. Pero finalmente te vas para darte cuenta de lo correcto de la decisión.
Y entre idas y venidas durante esos nueve meses, llega la vuelta más larga de todas, la que anuncia el principio del verano, o lo que es lo mismo: la que anuncia los días de sol, de calor, de piscina, de playa y de la compañía que tanto echas de menos cuando estás lejos.
Y de repente, un siete de junio estás ya en tu casa, con cuatro notas que solo Dios sabe cuando saldrán, dos manuales esperándote en agosto solo porque en enero la posibilidad de aprobar esa asignatura a la que nunca le has tomado demasiado cariño se te planteó como una montaña enorme que no eras capaz de subir, un hermano preselectivo y por lo tanto con los nervios a flor de piel, un padre y una madre que van y vienen del trabajo y unos amigos agobiados por unos exámenes que nunca terminan de pasar del todo.
¿Qué haces entonces? Te pones a dieta (ya hablaré detenidamente de este temita), de vez en cuando sales a comprar, superas el calor de estos días con buenas dosis de aire acondicionado y sin que alguien se entere, te escapas a Sevilla. Pero literalmente. “En dos días me voy a Sevilla”. Y a pesar de las caras de sorpresa, te vas. Porque la cara de sorpresa más grande está aun por llegar.
Pero es normal, ¿no? No es justo tener que esperar tanto tiempo sin ver a alguien que en dos meses se ha convertido en algo con lo que no contabas…
Y empiezas a planear el verano. Pero tú sola, claro. Porque todo el mundo está ocupado con la cabeza (comprensiblemente) en otro sitio. Estás tu sola intentando ordenar lo que no se puede ordenar porque quizás (y solo quizás) no sea el momento todavía.
¿Entonces? Esperar. ¿Cuánto? Quién sabe, pero desde luego poco más se puede hacer. Se abren varias opciones. Unas apetecen más que otras, pero son opciones al fin y al cabo. Solamente con algunas cosas claras: nada de separarte de tus amigos a los que tan poquito tiempo ves y nada de separarte de esa persona a la que tampoco ves todo lo que te gustaría. Todo ello tratando de esquivar los rayos de sol, el calor insportable, las noches en vela y los días interminables.
Siempre decimos que se sabe como empiezan las cosas pero nunca como terminan. Pues por esta vez ni siquiera sabes como empezarán las cosas. O cuando. Pero de repente, tampoco importa tanto. Al fin y al cabo, es verano, ¿no?

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2

¿Que si merecen las tres horas por la mañana y las cuatro por la noche (con un repiqueteo con el que es imposible dormir) de autobús para ir a recojerte montada en bici a Ingenieros después de tu examen y ver tu cara de sorpresa, pasear al lado del río, comer contigo en un sitio genial, ver una peli extraña en tu sofá, comer helado y pasar la tarde entre palomas?

P1010020

De hacer caso al deseo imposible de tener mi cuerpo
en tu cielo y los pies en la tierra…

Carita de pena | Carlos Chaouen.

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