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Archive for 31 marzo 2009

I

Suelo ser bastante dada a hablar de mí misma porque pocas veces he tenido algo que ocultar y porque me gusta compartir lo que siento, pienso y vivo.
No obstante, el conocimiento que los demás tengan sobre mí me gusta que sea por mí misma y por mis propias palabras.
Lo que en un principio parece obvio, o al menos no parece demasiado extraño, a veces se complica cuando mis palabras van a salir de mi boca pero se me adelantan en decirlo. O lo que es lo mismo: mis palabras en boca de los demás que no hacen más que sentirme rara.
De hecho, tengo la sensación de que lo único que parece no saber de mí son mis propios pensamientos y que el único motivo por el que no los sabe es porque no puede meterse en ellos.
Me siento observada, contemplada, me siento en mitad de un escenario en el que mis pasos se siguen de cerca. Y es inimaginable lo extraña que me hace sentir.
No lo hace con inteción, es su forma de ser, pero llega a absorberme tanto que hace que me cierre en banda.
No quiero que sepa más de mí, no quiero que sepa lo que pienso o lo que vivo, porque no tengo interés en que conteste por mí las preguntas que hacia mí van dirigidas, porque no quiero que opine de absolutamente todo de mi vida si yo no se lo pido, porque no quiero que tenga una opinión para cada pequeño paso que de en mi vida.

II

No se cuanto me fastidia, pero lo hace. Y mucho. A veces incluso tengo que disculparme a mí misma por ser así y no me parece justo para conmigo.
Tengo un amigo que dice que hay ciertas personas que escuchan música de la que ponen por la radio y la que ponen en las discotecas simplemente porque la música no es algo que les guste especialmente y escuchan lo que les cae más a mano. A mí no es que la música me haga sentir diferente que al resto ni mucho menos, pero lo cierto es que me gusta descubrir grupos nuevos, conocer cantantes nuevos y me gusta escuchar muchos tipos de música y desde luego ir mucho más allá de lo que la gente conoce por ser lo más cercano.
Esto se traduce en dificultad para acudir a los conciertos porque nunca encuentro a nadie para venir conmigo y las pocas personas que encuentro no siempre están disponibles. Conclusiones: yo siempre me quedo aquí viendo pasar miles de conciertos ante mis ojos (¡ y no sólo conciertos!) mientras mis amigas encuentran fácilmente gente para acudir a conciertos como el de El canto del Loco o a la final de Fama.

Y encima, cuando por fin consigo hacer algo de interés, acabo sintiéndome ligeramente mal por hacerlas perder el tiempo (como aquella vez que fui a la FNAC de Callao a la firma de discos de Iván Ferreiro y dos de ellas vinieron conmigo).

Y el culmen fue cuando aquella vez que me quedé mirando como pasaba el tiempo con la entrada en la mano del concierto de Iván Ferreiro que era ese mismo día y al que no iba a poder ir porque no tenía con quién y meterme en Vistalegre yo sola lo consideraba forzar, tenía que aguantar preguntas del tipo “¿te vienes al concierto de Melendi?” de voces ilusionadas, cuando yo estaba de bastante mal humor.

Pero más me vale irme acostumbrando porque me seguiré perdiendo conciertos, me seguiré perdiendo actuaciones en la Sala Galileo Galilei (como la de Marwan de finales de abril) y me seguiré perdiendo muchas cosas más.
Pero es lo que hay y es lo que tiene.

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Si algo aprendes de todo esto, entendiendo esto como todas las veces en las que he mordido el suelo, es que por mucho que empujes los huesos, siempre habrá algo que no salga como te esperas. Y una retirada a tiempo, siempre es una gran victoria, ¿verdad?
A lo mejor es este el momento.

Y el reloj se nos paró
busca la hora de la despedida.
Dejar de darle vueltas y acabar.

El reloj | Luis Ramiro y Marwan.

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Porque a ella también le llegó el momento de suspirar por un amor imposible. Y a pesar de lo imposible de la situación, se mantenía en la misma posición que durante algún tiempo llevaba manteniendo.
Y a pesar de que algunos creyesen que se trataba de una táctica en la sombra que más tarde o más temprano vería luz, lo cierto es que ella ya no sabía si esperar algo o simplemente no tenía que esperar nada.
Unos pensaban que las tácticas en la sombra darían sus frutos, otros que no debía llevarla a cabo por provocar daños a terceros y los últimos que pensaban que quien no arriesga no gana aunque las posibilidad de perder sean muy altas.

Y ella seguía viendo pasar los días, veía pasar personas y a pesar de la imposibilidad de todo aquello, existía un algo irrenunciable que seguía estando ahí.

Sobretodo existía ese consuelo, a veces tan estúpido, de que lo bueno que tienen las cosas que nunca empiezan, es que nunca pueden acabar.

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Hazme un favor, hazte un favor y hazle un favor a ella: vete.

Esta es la historia del fin del olvido,
porque esta noche los perdedores han vencido.

La canción de los perdedores | Luis Ramiro.

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-Buenas tardes, a la estación de autobuses, por favor.
-Esa amiga te quiere mucho.
-Sí…
-Y bueno ¿te vas ya a casa?
-Sí…
-¿Estudias aquí?
-No, en Madrid, vine a ver a una amiga.
-Ah, que bien…Madrid…A mí me gusta Madrid mucho, ¿sabes? Hace tiempo que no voy. A veces voy a ver a un primo que tengo porque siempre salimos por ahí de fiesta. Porque a mi de baloncesto y de futbol no, pero me dices de salir por ahí a cenar y de fiesta y el primero. Mientras me digas donde tengo que ir, cojo el coche y enseguida me planto. Madrid es otro rollo, ¿eh?
-Sí…
-Es completamente otro rollo. Conoces a alguien en una noche y luego si te visto no me acuerdo, ¿verdad?
-Sí, la verdad es que Madrid es muy grande.
-Yo es que antes era camionero y a Madrid iba más veces, pero ya no. Tengo que ir, la verdad. Mis padres es que son los dos de Extremadura. Por eso yo digo que soy extremeño de pata negra. (Risas).
-Ah…
-Los días de semana me aburro mucho, casi nadie coje taxis, ya sabes lo mal que está el país… Así que la verdad es que me aburro mucho. Son mucho más interesantes los fines de semana. Las noches las hago todas.
-Sí, la verdad es que es cuando más ambiente hay…
-Así que Madrid… ¿Y qué estudias?
-Derecho.
-Ah… que bien. La verdad es que está muy bien que haya gente que nos defienda. Yo hace poco estuve con un abogado. Por un asuntillo… La verdad es que se portó muy bien.

-Tome, aquí tiene.
-Buen viaje.
-Igualmente.

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Por esa vez (que se que llegará) en que aquello que desee se convierta en realidad y no se convierta en un deseo que nace muerto o en un deseo que muere recién nacido. Tendrá que venir. A todo el mundo a mi alrededor lo llega. A veces pienso que creo que basta con desearlo con fuerza. Basta con cerrar los ojos e imaginar que es posible. Pero como todo, volvemos a lo de siempre. se deshace lo andado y todo de vuelve a repetir otra vez.
Pero llegará esa vez en la que sueñe con que se hace realidad y se hará. En algún momento tendrá que pasar. Y no tengo prisa. No tengo prisa en que desaparezca ese eterno retorno que tantas veces se repite.
Vendrán días en que la suerte cambie, en que la veleta cambie de dirección y aparezcan los vientos favorables.
Solo queda esperar. Y tengo paciencia.
Paul Auster lo deja muy claro: los pensamientos acaban donde empieza la realidad. Y dejaré de pensar en ello cuando por fin lo que desee aparezca. Y lo hará. Tengo paciencia.

Algo monstruoso estaba sucediendo y yo ya no podía controlarlo. El cielo estaba oscureciendo dentro de mí, eso era seguro; la tierra temblaba. Me resultada difícil quedarme quieto, me resultaba difícil moverme. De un momento al siguiente me parecía estar en un sitio diferente, olvidar dónde me encontraba. Los pensamientos se detienen donde empieza el mundo, me repetía. Pero el yo también está en el mundo, me contestaba, y lo mismo ocurre con los pensamientos que vienen de él. El problema era que yo no era capaz de hacer las distinciones correctas. Esto nunca puede ser aquello. Las manzanas no son naranjas, los melocotones no son ciruelas. Notas las diferencias en la lengua, y entonces lo sabes, como su fuera dentro de ti. Pero todo estaba empezando a tener el mismo sabor para mí. Ya no tenía hambre, ya no podía obligarme a comer.

La trilogía de Nueva York, Paul Auster.

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11 Marzo

Sobran las palabras en días como éste.

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Por las víctimas.

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…Tanto como nuestros deseos
que nacieron muertos
o murieron recién nacidos,
como quieras decirlo.

Secretos deseos | Iván Ferreiro

Sí. Será eso. Mis deseos nacieron muertos o murieron recién nacidos. Da lo mismo, lo mismo da. El resultado es exactamente el mismo: la nada. O todo pero completamente del revés.
¿De qué sirven las casualidades si los cambios que podrían provocar finalmente nunca suceden? ¿Merece la pena entonces coincidir? Es más, ¿merece la pena si el resultado ya se conoce desde el principio? Prefiero pensar que las respuestas a estas preguntas son: de nada, no y no. Y entonces es cuando me pregunto: ¿y la lucha para cuando? Y me respondo: para cuando realmente merezca la pena. O mejor dicho: para cuando existan posibilidades reales de no morder el polvo.
Y sin embargo, este orden y concierto de ideas que parecen significar que todo está claro es pura ficción. En realidad, todo forma parte del mismo caos que se ha juntado con otros elementos creando probablemente un gran desastre emocional. Un grado de implicación que difícilmente estoy dispuesta a tolerar y que difícilmente va a salir bien.Y entonces le pregunté a alguien por qué yo tenía que implicarme más y encima en poco tiempo. Y esa persona me respondió que a mi no me servía cualquier tipo de relación y que para mí, no implicarme significa no tener relación. Y en el fondo lo decía porque me conoce, porque sabe que cuando merece la pena, yo pongo todo y empujo con fuerza los huesos. Lo sabe y por eso me lo dice. Le pregunto si es éste el momento de arriesgar y duda. No sabe que aconsejarme. Arriesgar puede ser bueno si tan segura estás de que podría merecer la pena. ¿Y el daño?, le pregunto. Y me dice: ese es el riesgo. Le digo que esta vez no tengo ganas de arriesgar porque no tengo posibilidades de ganar. Porque a las guerras se va si ves el horizonte al final, si ves salida, si ves posibilidades de salir victorioso. A pesar de lo largo de la lucha, siempre podría merecer la pena. Pero esta vez no, le digo. No podría salir bien porque no hay puertas abiertas. Y entonces sería una kamikaze, pienso. O una cobarde, piensa ella.
Le digo que no, que esta vez arriesgar está de más y trato de proceder de la misma manera que lo he hecho otras veces. Abro la brecha entre nosotros esperando que funcione. Y antes de darme cuenta, estoy más dentro que fuera. Me agobio. Siento que las cosas empezaron mal y que ya solo pueden acabar mal. Lucho contra mis propios pensamientos y busco una salida. En el fondo la hay. Quizás sería más fácil en otras circunstancias, pero teniendo las que tengo solamente puedo jugar de esta manera.
Abro la brecha. Me coloco en un lado y la otra persona está en el otro. Quizás cada vez sea más grande y el dolor quizás ni aparezca. Eso es lo que realmente espero. Ni más, ni menos. Solamente que no llegue a aflorar nada de dentro. Solamente el vacío que existía antes.
Y en el fondo me da pena. Lástima. Podría haber sido algo increible y ahora me encuentro aquí, dejándolo pasar. Pero siempre es así. Me he acostumbrado a estas situaciones y dejarlo pasar es siempre una constante.
Por eso no duele apenas. Quizás molesta, pero no duele. Eso es lo que quiero, ¿no?

Me quedaría contigo
porque eres el remanso, la crecida.
Un espíritu-veleta a cuatro vientos.

Contigo me quedaría | Manolo García

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Tu batalla

Porque las cosas nunca son lo que parecen y no es oro todo lo que reluce. Porque lo que debes hacer se mezcla a veces con lo que te empujan los huesos. Porque quizás complicarse la vida es lo que la hace tan especial y porque nos permite no quedarnos en la superficie de las cosas. Porque descubrimos historias, conocemos personas, ampliamos horizontes. Porque cambiamos prioridades y sentimientos.
En el fondo no somos más que aquello que nos dejamos y que nos dejan ser. Somos lo que queremos en la medida en que luchamos por lo que nos importa. También somos lo que los demás nos dan y nos quitan.
Luchar por lo que uno quiere a veces choca con lo que uno debe. Porque para liberarse a uno mismo a veces hay que atar cadenas en algún otro lugar. Y porque los huesos empujan pero el dolor en otra parte puede ser más fuerte.
Y porque nos encanta hablar por hablar sin conocer el fondo del asunto. Y porque solo en la piel, en los zapatos del otro podemos llegar a sentir cada minuto con la intesidad que la persona lo hace.
Cuando no te pones en el lugar del otro, todo intento de entender es en vano. Toda opinión es inútil y toda estupidez humana se deja ver con toda claridad.
Y da igual lo que los demás piensen, lo que los demás crean que saben y lo que los demás crean que es lo correcto. Lo importante es lo que queda en esos ojos medio apagados que están gritando ayuda. Lo importante es lo que queda por debajo de lo piel, lo que provoca que los pelos se pongan de punta. Lo que importa es lo que existe, lo que es y lo que no puede ser de otra manera.
Da igual que se vea absurdo desde fuera porque desde dentro es bien distinto. Porque aquí dentro todo es más llevadero y comprensible que desde lo poco que hay fuera.
¿Sabes qué? En el fondo somos lo que somos y no podemos cambiarlo.
Pero sí podemos cambiar algunas cosas, y si algo puedo hacer, jugaré la partida de tu lado. Aunque no se entienda, aunque sea absurdo, aunque me pregunten si se lo que estoy haciendo.
Ojalá ganes la batalla. Y cuenta conmigo para conseguirlo. Quiero ayudarte a conseguirlo. Quiero ser capaz de darme cuenta de lo que de verdad vale la pena y lo que no. Cuentas conmigo en esta batalla.
Ya sabes, somos levedad.

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Va tranquilamente sentada mirando por la ventana cuando de repente nota que algo va mal. No parecen reducir la velocidad. Cuando los pensamientos se entrecruzan, la revisora entra dentro del tren con un megáfono y grita: “señores pasajeros, siento comunicarles que el tren ha perdido los frenos. Estamos intentando buscar un lugar donde poder parar pero las posibilidades d… bueno, ya sabéis son mínimas… si quereis llamar o…bueno, no se…lo siento muchísimo“. Sus lágrimas corren por las mejillas al mismo tiempo que los corazones de los atónitos pasajeros se aceleran.
Solamente se siente terror y caos. Voces que salen de cada parte del vagón: “¿qué?” “no vamos a poder parar” “dice que imposible que…“. Las palabras se amontonan junto con las lágrimas.
En ese instante se asoma por la ventana y ve una pared acercándose. Cada vez está más cerca, van a chocar, están chocándose…

Se despierta en la cama con el corazón encogido y lleno de desasosiego. Está nerviosa, intranquila, incapaz de conciliar el sueño. “Es solamente una pesadilla” se dice. Pero en el fondo sabe que no es simplemente eso. En el fondo sabe que ha encontrado lo que estaba buscando para salir de ese pozo de amargura. Solamente darle la importancia a las cosas que éstas merecen. No más, no menos. Puede no pasarte nada y pensar que es lo más grave o pueden pasarte cosas así y empezar a valorar la vida. Lo entiende. Entiende las palabras que algún día alguien le dijo: “¿estás enferma? ¿tienes un familiar enfermo?“. Y así continuó la batería de preguntas.
De repente lo entiende todo. Nada le pasa, nada malo la turbia. Vive uan vida normal, tranquila, serena. Las preocupaciones acaban de marcharse con ese mal sueño.
Abre la ventana de su habitación y en mitad de la noche respira fuerte tratando de inhalar el máximo de oxígeno posible. Está viva. Y es libre. ¿Qué más se puede pedir?
Y con esa sensación de euforia vuelve a la cama. Mañana tendrá una nueva vida que empezar, una nueva vida que vivir.

Océanos, en “Aerolíneas interiores”.

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