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Archive for 28 septiembre 2008

Universos

“Simplemente carecía de universo. Cosa que puede ocurrir. Hay seres que viven permanentemente en su agujero negro. Y son felices así, situación tremendamente envidiable. Los universos diferentes al propio suelen traer problemas”

La vida es corta pero ancha, Susana Pérez-Alonso

Llevo tiempo ya con esa sensación de necesitar otro universo distinto a este. Pero me da miedo también porque no quiero uno más grande, no quiero ir de universo en universo conociendo gente que nunca más volveré a ver. No quiero universos finitos, no quiero personas finitas, no.
No se quiero pero sea lo que sea, necesito algo y lo necesito antes de que empiece a sentirme cada vez más pequeña y más inexistente.
No se que ha cambiado, que ha pasado y que ha hecho que me encuentre así, pero así me siento y es difícil pararlo ya.
Quiero esperar que pase el tiempo, que pasen los días y espero encontrarme un poco más adelante con una situación que de verdad me llene bastante.
Y no, no son personas del sexo contrario lo que ando buscando, ni muchísimo menos. No tengo ningún interés, no quiero saber nada.
He decidido dejar de usar el corazón hasta que no sepa entenderlo y hasta que no sepa interpretar de manera adecuada lo que me está queriendo decir.
Pero la vida sigue, estamos vivos y todos estamos dentro de diferentes universos.

De momento vivir. Ya tocará pensar de nuevo más adelante.
Life is for living.

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Débil-fuerte

Hoy me di cuenta de que a muchos fuertes la debilidad de los débiles les jode.
Incluso a los débiles les jode la propia debilidades de los débiles.

A los fuertes les jode ver la debilidad en cosas que para ellos son normal.
A los débiles les jode que otros débiles muestren debilidad en algunas cosas que precisamente no es la debilidad de ellos.

Y odié a las fuertes con la misma fuerza con la que ahora odio mi debilidad.

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Amor débil

Intenté cambiar, lo intenté de verdad. Con todas mis ganas y mis fuerzas. Traté de demostrarme a mí misma que no somos estáticos, que estamos en movimiento, que todo se puede cambiar. Que la personalidad es variable, no fija, que cambiar es cuestión de ganas y de esfuerzo.
Llevo años engañándome, creyendo que yo llevo las riendas de mi vida. Que yo me domino, que es mi vida y la manejo como quiero. Pero que mentira.
He dominado absolutamente todos los aspectos de mi vida. Menos uno. No lo controlo. Y no es porque sea incontrolable porque se puede ejercer más o menos un cierto control sobre él. Pero yo no se controlarlo, se me escapa.
Y duele. Duele porque te das cuenta de que no haces las cosas bien, de que te estás equivocando, de que haces cosas que no esperabas hacer, te traicionas, engañas y (te) mientes, haces que otras personas se rompan. Y lo sabes, sabes que estás haciendo daño, pero no puedes parar. Sigues, sigues porque no controlas, se escapa. Y luego los lamentos, los perdones y las excusas como si eso te salvase de algo.
Y te das cuenta de que no eres más que la consecuencia de tu propia debilidad. Ojalá pudiera ser fuerte, ojalá pudiera ver la vida con la fortaleza del fuerte y no con esta debilidad que apenas te deja elegir, escoger caminos. Sólo te empuja, te arrastra y no lo controlas.
Se te escapa entre los dedos la posibilidad de cambiar. Y te aguantas, miras como podría ser tu vida si tuvieses fortaleza. Buscas en alguien la posibilidad de que comparta contigo la fuerza que tenga.
Pero la debilidad hace daño a todo, hace daño a la persona que está contigo, la que quiere sacar lo mejor de ti. Porque no vas a dominar nada de tu vida y la otra persona no puede vivir por tí.
Y nada sale bien, nada funciona, porque nada sientes. No sientes, no te paras a vivir, te dejas arrastras y solamente agachas la cabeza susurrando un “es muss sein” dejándole al destino la carga tan pesada de tu propia vida.
Y así te encuentras, sabiendo que el amor nunca llegará a tu puerta, porque así ha de ser, porque no te corresponde a ti.
Porque el amor parece solamente un asunto de fuertes. Para los débiles queda lo demás. Lo que está ahí escondido detrás del amor, pero que es a la parte que más fácil accedes. Y en la que es más fácil caer.
Y una vez que caes, sólo puedes esperar que no te hagan daño. Porque la debilidad está muy cerca del dolor. Y sólo pides, que la persona que te encuentre, no te haga daño. Nada más.

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Hasta este momento nunca había entendido tanto el significado de la palabra riesgo y arriesgar.

La noche que yo quiero
la pasaba yo en tus ojos
acechando algún momento
pa´empezar a hacer destrozos.

La noche de promesas que propones descubrir
puede ser tan indecente que me apuesto
lo que no voy a cumplir, no cumplir.

La noche de mi vida será perra para un loco,
y sabrás si hay que seguirme o dejarme volar solo.
Y hoy me pongo entre tu espada y mi pared

No sé si hacer o más bien deshacer.
Hacerlo mal o hacerlo bien
Hacer por hacer, sólo pa´deshacer.
No sé si hacer…
Sólo pa´deshacer, sólo por deshacer
nunca hacer por hacer.

La noche que me gusta no me pide que sea bueno,
ni me muerde la manzana regalándome el veneno.
Esta noche que me pierde se resiste a ser mujer,
y conquista mis camisas con el talco de su piel
y me pone entre su espada y mi pared.

No sé si hacer o más bien deshacer
hacerlo mal o hacerlo bien
Hacer por hacer.

Hacer por hacer, de Miguel Bosé.
No necesita más explicación.
Ni esto ni nada.
Las explicaciones empezaron a sobrar desde hace demasiado tiempo.

[Y esto muere aquí.]

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Palabras al viento (5)

Estas son las últimas palabras que lanzo al viento.
Las últimas. Porque no tienen sentido ya, porque aunque a veces sigas doliendo, son las menos y cada vez me caigo más rápido me levanto del suelo. Apenas noto el dolor.
Porque sigues presente, pero he asumido que lo estarás toda la vida. Y eso no puede seguir significando dolor. Es lógico, ¿no?
Cada uno camina ya lejos del otro. Hacia direcciones contrarias. Pero no significa dolor. Ya no. Lo siento pero no.
He aprendido a valorar tanto mi situación, que no me duele el pasado. Porque yo ya no creo que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Yo ya no me lo creo. Sí creo que todo irá bien, que quedan muchas cosas por pasar.
Y hasta aquí llegas tú en este sitio, en este espacio, en esta vida. Hasta aquí.
Pero como nunca has dejado de merecerte nada, qué menos que una despedida.

Aunque la despedida “real” llegó hace ya más de siete meses, “mi despedida” llega ahora. Siento no haber podido habértela dado antes.
Ojalá todas las despedidas fuesen tan preciosas como ésta:

Farewell

Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.

Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.

Yo no lo quiero, Amada.

Para que nada nos amarre
que no nos una nada.

Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron tus palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.

Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:

los marineros besan y se van.
(Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.)

Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.

Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.

Amor que quiere libertarse
para volver a amar.

Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.

Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.

Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.

Fui tuyo, fuiste mía. ¿Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.

Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.

…Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.

Pablo Neruda.

Porque “para que nada nos amarre, que no nos una nada” y “vengo desde tus brazos, no se a donde voy”.

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Sentido único

Decía Agatha Christie:

Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.

Y eso es lo que más he aprendido. Que hay que caminar y callar como hacemos todos.
Caminar hacia adelante y lo de mirar hacia atrás se lo dejamos a otros.
Que la vida sólo sigue un sentido y cada vez que vuelves la cabeza hacia atrás te pierdes lo que tienes justo delante.

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The final countdown

En 11 días volveré a empezar. Y no tengo miedo.

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Veo un mundo diferente,
siento que todo ha acabado ya,
demasiados años en ninguna parte,
demasiados viajes a ningún lugar.

Unos buscando respuestas,
otros ya la han encontrado…

Bienvenido al mundo del ensayo y del error.
Bienvenido al tiempo del amor y de la llaga.

Novedosas formas de viajar sin moverse del lugar,
eternos planes para obsesos del futuro,
vueltas y más vueltas a un camino circular.

Predicadores pecadores,
prometedores sin palabra,
ilusiones del futuro,
amenazas del mañana.

Nuevas flores que amanecen,
viejas hojas que caen.

Bienvenido al mundo del ensayo y del error.
Bienvenido al tiempo del amor y de la llaga.

Ahora tendrás que aceptar
que todo es diferente…

Fin de un viaje infinito | Deluxe

Hoy me han contestado de la Universidad. El cambio es posible, lo que significa que voy a cambiarme de carrera y vuelvo a modificar ligeramente mi futuro.
¿Dejaré algún día de estar nerviosa al pensar en Madrid?

Otro cambio. Nuevas caras y nuevas sensaciones. A ver que tal esta vez.

(Por favor, por favor, por favor, que no me esté equivocando… Por favor…)

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Examinando defectos

¿Quién puede vanagloriarse de no tener defectos? Examinando los suyos, aprenda cada uno a perdonar los de los demás.
Esto dijo Pietro Metastasio y no podría estar más de acuerdo.
Que defectos tenemos todos está claro. Que yo no pare de encontrarme cada vez uno distinto no tanto.
No se si será que ver mis virtudes me cuesta mucho más que encontrarme defectos o que encontrar defectos es asombrosamente fácil.
Llevo varios días dedicándole demasiado tiempo a dos defectos que si bien ya sabía que tenía, ahora los veo con más intensidad.
Y no tengo ningún problema en admitirlos: soy torpe y soy distraída.
Dicen los que me conocen mucho (y casi que los que me conocen poco también) que la primera suele ser consecuencia de la segunda, así que primero hablaré de la segunda.
La RAE define distraído/a como: Dicho de una persona: Que, por distraerse con facilidad, habla u obra sin darse cuenta cabal de sus palabras o de lo que pasa a su alrededor.
Y eso es lo que me pasa a mí. Por distraída no se ni lo que hago a veces y tampoco me entero de lo que sucede. No me entero, no porque no llegue al mínimo de dos dedos de frente, sino porque no le presto interés. Que por cierto, esta palabra se ha convertido en la palabra estrella del verano en mi casa y con mis amigos en general.
Soy distraída porque no pongo interés. Y la RAE lo define como “inclinación del ánimo hacia un objeto, una persona, una narración, etc.” en su cuarta acepción.
Debe ser (si tanto me lo dicen será por algo) que sólo le pongo interés a lo que me interesa y que ni siquiera a eso. Que todo me importa más bien poquito y que lo mismo me da una cosa que otra. Si yo no es que no les de la razón, pero yo creo que no presto atención porque soy olvidadiza (¿es necesario buscarlo en la RAE?). Soy tremendamente olvidadiza. Me cuesta recordar mucho las cosas. Sin embargo, ni mis padres ni mis amigos consideran esto una enfermedad, ni tan siquiera un problemilla. Lo llaman falta de interés. Y otra vez volvemos a lo mismo.
Si debo ir a tal lugar, como no le pongo interés, se me olvida y no voy.  Así de sencillo.
¿Cómo corregir este defecto?
Difícil. Muy díficil. Díficil porque yo creo que nací así. Sin interés por nada. Todo me importa bastante poco y ninguna pérdida me parece un melodrama (¿podemos olvidar el tema sentimental?) ni nignuna ganancia la mayor de mis ilusiones.
De todos modos, no todo está perdido. Lo que hago ante esta falta de intéres es: para no olvidarme, hacer las cosas cuanto antes, apuntarlas, pedir a la gente que las recuerde por mí (que ahora que lo pienso, menudo morro le hecho) o esperar que los demás se acuerden. Intento centrarme más en las cosas para retenerlas más (¡y vaya si cuesta!) y trato de prestar más atención a lo que ocurre a mi alrededor.
Y dejo ya esta espiral de defecto que no podría ser más largo.
Lo de la torpeza es otra historia. Nací torpe. Eso si que no tiene solución. Que sea la única que vierte un vaso en una mesa, que tira las cosas al suelo o que todo lo que toque se rompa, no es mi culpa.
Y además no lo puedo entender. Pero es que siempre me pasa lo mismo. Soy la única que siempre monta la escenita y se acaba poniendo colorada cuando los demás miran hacia abajo como pensando “madre mía, ya está otra vez“. Otras veces hay risas (normal, por otra parte) que yo secundo y otras expresiones del tipo: “es que parece que tienes las manos de mantequilla”.
La torpeza a veces la disimulo bien. Intento tocar todo lo menos posible y en ocasiones importantes o demás suelo tener bastante cuidado, pero este verano me he dado cuenta de que soy torpe con otra cosa: el coche.
Vale, también se le puede llamar “conducir mal”, pero yo quiero pensar que es porque soy torpe.
Soy tan torpe que no se nunca en qué sentido van las calles, cual es el camino más corto o cuando me viene mejor cambiarme de carril. Y por supuesto, haciendo gala de mi escasa memoria, siempre me dejo las luces encendidas.
Esto si que tiene remedio (¡o eso quiero pensar!) y espero dar cada vez menos vueltas con el coche y apagar siempre las luces.
De todos modos, cuando te acostumbras a tus defectos, cada vez te los tomas mejor y acaban siendo anécdotas divertidas que tus amigos cuentan a costa tuya.

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En 1826 Beethoven escribió El cuarteto de cuerdas nº 16 en Fa mayor Opus 135 y es el último de su ciclo de dieciséis cuartetos de cuerda.
El nombre que recibe este cuarteto es “Der schwer gefaßte Entschluß” (Una decisión de peso).

Los acordes introductorios que son lentos y sombríos llevan estas anotaciones: Muss es sein? Es muss sein! Es muss sein!

Muss es sein? ¿Tiene que ser?
Habla Beethoven del destino. Es muss sein. Tiene que ser. O dicho de otro modo, es imposible que no lo sea. Será y nada ni nadie podrá evitarlo porque ha de ser así.
Y he visto mi Es muss sein! tantas veces, que entiendo el carácter obligado, urgente que Beethoven transmitía.
Hay cosas que por mucho que queramos tienen que ser así. No hay otra manera de entenderlo que de esa única manera. Nuestro muss es sein.

Y he perdido el miedo a enfrentarme a cambios. Porque son así y no podrían ser de otro modo.
Como volver a Madrid. Madrid era al principio un sueño que rompía con todos mis esquemas.
Pero de ese sueño no quedan más que las migajas. Ese sueño desapareció y ahora apenas queda nada.
¿Por qué volver a Madrid entonces? Yo iba detrás de un sueño que se extinguió, dentrás de algo que ya no existe.  ¿Volver para qué?
No se cuantas veces me he preguntado eso.
Madrid me quitó (o me quité, siendo más justa) el mejor de los sueños. Madrid hizo que perdiera casi todo lo que era, me hizo cambiar, ser distinta, olvidar todo lo que hasta entonces era importante para mí.
¿Volver? Se me antojaba como un sueño sin sentido, una partida sin esperanza y un viaje hacia un dolor tan profundo que se convertía en algo absurdo.
Entonces, ¿porque nunca pensé en no volver?
Es muss sein! Lo dejé todo y perdí mucho. Pero tengo que volver. Tengo que seguir, tengo que seguir con lo que empecé y tengo que vivir todo lo positivo que encontré allí.
Es muss sein!
Tiene que ser así. No puede ser ya de otra manera. Madrid es parte de mí y lo será durante mucho tiempo por mucho que a veces duela. Por muy lejos que yo decidiera separarme de esa gran ciudad.
Ya está dentro de mí. ¿Para qué volverle la espalda?
Solamente necesito ilusionarme con otras cosas, mirar hacia otro lado y seguir caminando por donde yo quiera ir. No hay más.
Además Beethoven lo decía ya. Los Muss es sein! son decisiones de peso (Der schwer gefaßte Entschluß).
Es muss sein!

Lo único que puedo esperar es que no llegue el día en que diga: es konnte auch anders sein (también podía haber sido de otro modo).

[Creo que no habría conocido este cuarteto de Beethoven de no ser por La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera (del que ya he hablado en otras ocasiones y lo que queda, se ha convertido en un libro muy especial para mí y tiene muchos temas sobre los que pensar).
Pero bueno, ya en otra ocasión hablaré de como llegó este libro a mis manos gracias a una persona que cambió mucho mi manera de ver la vida y me hizo comprender que todo dependía de la levedad y del peso]

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