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Feroz.

Luchaba de forma feroz y devoraba con miradas aquello que no podía sostener con calma y perspectiva.

La última vez que le vi todavía respiraba, que era mucho más de lo que podían decir los demás que le acompañaban.

Era un día normal, con temperatura ideal, en calma.

Era un día de esos que nadie puede creer que vaya a pasar algo extraordinario, porque estamos acostumbrados a lo ordinario de lo cotidiano.

Pero sin embargo se fue. Su luz se apagó y todo el universo quedó en suspenso.

Luchaba de forma feroz pero al final, se lo llevó la tormenta.

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Demonios

Aprendiendo a vivir con demonios que no dejan dormir, que no dejan descansar.

Demonios que ponen todo del revés, que te hacen creer que nada está bien, que no hay tierra fuerte en la que pisar.

Demonios llenos de rencor, de odio, de frustración.

Demonios que quieren verte caer, fracasar, fallar.

¿Cómo luchar contra ellos cuando estás agotado de pelear? Cuando no quedan fuerzas y todo aquello que era posible ya nunca más lo es.

Mil formas de que te rompan el corazón

y ningún callejón con salida.

Todas las esquinas que tuerzo llevan al mismo lugar y se estrechan las calles.

La presión es insoportable, se me ha olvidado respirar y cada segundo doy un paso más que inevitablemente me lleva al fondo del abismo.

Y aunque quiera luchar por no sucumbir,

no soy capaz de aguantar la respiración y siempre sueño que me caigo, que no puedo agarrarme a nada y me precipito hacia el vacío.

Los demonios no me dejan descansar, saben que estoy viéndolos venir, que no tengo fuerza para pelearlos y que tarde o temprano, las buenas sensaciones se irán y todo será un terrible presente infectado de un pasado doloroso, injusto, agotador.

Las fuerzas se extinguen cada día que pasa y tengo que quedarme ahí a verlo venir. Sin poder hacer nada, inmóvil.

Cada día que pasa es un cuchillo que te atraviesa el corazón y ni siquiera puedes echarte a un lado para que no te roce. Solo puedes quedarte ahí. Inmóvil. Esperando que la embestida sea algo menos dura que la anterior.

Pero la realidad te golpea y te recuerda que no. Que cada día será peor. Y que cuando todo pase, el dolor será tan insoportable que no habrá paz que calme un corazón tan herido, tan demacrado.

La vida ya no será ese jardín con flores que cada día regábamos. Será una tierra hostil, fría, donde ya no crece la hierba, como a Atila.

Con la diferencia de que esa tierra es la que nos alimentaba a todos y nos hemos quedado sin nada.

Se avecinan tiempos difíciles y ellos lo saben. Pero no se preocupen: si hay que bailar con demonios, bailaremos.

Y quizás algún día muy remoto, un rayo de luz me ilumine la cara. Y quizás, en ese momento, me reconcilie con el mundo y los demonios se irán.

Quizás algún día…

De vuelta.

Nunca es buena señal la vuelta a este rincón del universo en el que cuento aquello que en otros escenarios no se puede decir o no se puede contar.

Si vuelvo es porque tengo una herida en el corazón que no sé si algún día cicatrizará, pero que al menos quiero intentar que se cure.

Por eso empiezo esta terapia de nuevo. Por mí, por mi espíritu y mi calma.
Porque el alma duele menos cuando hay algún lugar en el que poder deshacerte por completo.

Este ha sido mi rincón de los últimos diez años y sigue siendo mi lugar favorito, mi morada y mi herida.

Una herida abierta que quizás nunca cicatrice. Pero así es la vida y así será todo el tiempo que estemos aquí.

Estaba preparada para muchas cosas pero para esta no. Se va a ir de mi lado un pilar fundamental de mi vida y por eso estoy aquí.

Para llorar todo lo que las lágrimas no saben expresar. Para gritar la injusticia, agarrarme el corazón y para poder continuar.

Porque es lo único que nos queda. Porque es lo único que tenemos.

Heridas.

Tengo heridas abiertas o mal cicatrizadas, que nunca desaparecen. Vivir con ellas se me hace espantoso y la sombra del error me sobrevuela la cabeza. Are you still here?

#WYWH

Que no me he rendido

Quería decirte que no me he rendido.
Que a veces parece que nada sale bien,
que todo podría salir mejor y que no lo hace.

Pero quería decirte que no me he rendido,
que me levanto todos los días pensando que soy capaz,
que me levanto sabiendo que tengo un objetivo claro,
que hay algo que me está esperando y que quiero conseguirlo.

Quería decirte que no me he rendido, que no he abandonado.
Que no he salido huyendo buscando cobijo.
Que no, que no lo he hecho. Que no me he rendido.

Y es que creo (siempre lo creo) que todo tiene solución.
Que se que piensas que me dejo llevar por lo malo
y que soy incapaz de ver lo bueno.
Pero eso es por que no entiendes que a veces,
sin querer, me centro en lo malo para alcanzar lo bueno.
Que ya se que para atrás ni para coger impulso,
pero eso lo dijo alguien incapaz de avanzar tan deprisa
que ni siquiera notes que has retrocedido.

Se que piensas que a veces no veo la salida,
que me he encerrado dentro de mí
y que no quiero buscar alternativas.

Por eso esto es para ti,
para que toda las veces que pienses
que creo que no puedo,
que estoy agotada,
que me fallan las fuerzas,
que no tengo entusiasmo,
que no doy todo de mí,

sepas que no me he rendido.
(Y que nunca lo hago).

Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque la aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

Rayuela | Julio Cortazar.

Será por eso que las noches de lluvia
en las que los rayos inundan el cielo
prefiero quedarme contigo.

Porque si un rayo ha de partirme
le daré las señas de tus brazos -que son mi hogar-
y sabré, sin dudar, cual era mi destino.

Culpable

Es tan subjetiva la justicia,
que cuando pienso en nosotros
te siento culpable
pero te declaro inocente.